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Domingo, 20 de Octubre 2019
Ideas |

- “Intocables”

Por: Jaime García Elías

- “Intocables”

- “Intocables”

No es propiamente, como observó algún involuntario cultivador del humor negro, que “actualmente se está muriendo gente que antes nunca se moría”… pero casi.

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-II-

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Fueron noticia los asesinatos de dos sacerdotes en Veracruz, hace dos semanas, y el de uno más en Michoacán, la semana pasada, porque ordinariamente los ministros religiosos parecían estar cubiertos por un manto protector que los preservaba de algunas calamidades que a los mortales comunes y corrientes les ocurrían más comúnmente: ser arteramente asesinados, por ejemplo.

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El simple hecho de ser ministros de un culto religioso envolvía a los clérigos en una especie de aura que los volvía intocables. Aunque llegaran a conocérseles debilidades humanas —de las que nadie está exento—, el consenso generalizado, en los barrios o en los pueblos en que ejercían su ministerio, era en el sentido de que los presbíteros se significaban, vía de regla, por su bondad, generosidad, abnegación y prudencia.

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Comunidades había en que la autoridad civil y aun la policiaca apelaban con frecuencia a la sensatez probada del sacerdote del lugar para tomar alguna decisión trascendental para los vecinos o para resolver algún problema particularmente delicado. Al margen de que su participación en los ritos —la celebración de la misa, la administración de los sacramentos (bautizos, matrimonios, primeras comuniones…), su presencia en los entierros...— los colocaba, como ya quedó apuntado, en el centro mismo de un aura misteriosa, mágica, la experiencia aportaba pruebas abundantes de que el consejo del párroco, especialmente cuando se trataba de “una persona ya mayor”, solía ser acertado.

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-III-

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Aunque en los crímenes de que son víctimas los propios sacerdotes se replica el modelo de la impunidad (las estadísticas arrojan cifras irrisorias acerca de los delitos que son esclarecidos y en que los culpables son sentenciados), hay, en general, la convicción de que el fenómeno, en la mayoría de los casos, obedece a que los clérigos, al pronunciarse abiertamente contra los abusos sistemáticos —robos, secuestros, extorsiones…— de la delincuencia organizada en algunas zonas del país, se ganan la enemistad de las agrupaciones de criminales que llegan a sentar sus reales en las mismas.

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Son, pues —si no en la totalidad sí en la mayoría de los casos—, testimonios dolorosos de problemas estructurales ante los que la autoridad unas veces ha sido negligente… y otras, de plano, cómplice.

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Son, en fin, lamentables reediciones de “El Buen Pastor” del evangelio, “que da su vida por sus ovejas”.

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