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Sábado, 19 de Octubre 2019
Ideas |

- Frentazos

Por: Jaime García Elías

- Frentazos

- Frentazos

¡Quién lo dijera: el alcalde de Guadalajara y el jefe de Gobierno de la Ciudad de México –o viceversa, que “tanto monta…”–, conviviendo amable, civilizada, cordialmente, como (dicho sea con todo respeto) el perro y el gato de la misma casa…!

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-II-

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Consigna la nota periodística (“El Universal” de ayer) que Enrique Alfaro Ramírez y Miguel Ángel Mancera Espinosa participaron, ambos como ponentes, en una conferencia sobre el salario mínimo, realizada en el Museo Tamayo de la capital del país, auspiciada por el Instituto de Estudios para la Transición Democrática y Acción Ciudadana Frente a la Pobreza: una organización no gubernamental –supondremos–, animada –supondremos también– por la sana intención de aportar iniciativas al efecto de que, en efecto, prenda y dé frutos la que durante varias décadas parecía ser una planta completamente exótica en México, y de que se avance en la lucha contra la pobreza y sus inevitables, funestas secuelas en temas como salud, seguridad, educación, etcétera.

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La nota señala escuetamente la coincidencia de ambos personajes en “la necesidad de construir mejores políticas públicas”, y particularmente “las que mejoran la vida de las personas”, como el salario, al efecto de que “los mexicanos cuenten con los ingresos que les permitan satisfacer sus necesidades básicas”… Verdades de a kilo. Rotundas. Indiscutibles… Verdades que, sin embargo, se quedan –planteadas como lo hace la nota periodística de referencia– en el terreno de los enunciados de buenas intenciones; de la teoría químicamente pura, en suma.

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Porque, puestos los pies en la tierra, ¿en qué medida pueden incidir dos alcaldes –o como se les quiera denominar–, aunque lo sean de las dos ciudades más pobladas del país, en temas estructurales como los que repercuten en la satisfacción de las “necesidades básicas” (casa, vestido y sustento) de sus gobernados…?

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-III-

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Cabría sugerir que, mejor que eso, se diseñara un mecanismo que propiciara un intercambio sistemático de proyectos y experiencias, considerando que Guadalajara –sus autoridades municipales–, durante muchos años, imitó, para mal, el modelo de la Ciudad de México: un modelo que se tradujo en un crecimiento brutal, incontrolable, desordenado, que ha contribuido a la degradación de la calidad de vida de sus habitantes.

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Los gobernantes de Guadalajara podrían hacer sistemáticas sus relaciones con los de la Ciudad de México, para aprender de sus errores; para tomar nota de las piedras en que no deben tropezarse… so pena de pagar el precio de los frentazos contra el piso.

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