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Miércoles, 22 de Noviembre 2017

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- Epopeya

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- Epopeya

Por vulgar y deleznable que parezca, no hay desgracia que no pueda, con un poco de imaginación y otra cosita (otra cosita que algunos llamarían cinismo y otros desvergüenza), transformarse en epopeya.

El reciente incendio parcial en el Mercado Alcalde, por ejemplo…

-II-

Más allá de la afortunada circunstancia de que el siniestro no dejó desgracias personales (y de que algunos locatarios le echaron humor negro al asunto,  poniendo a disposición del respetable público, al día siguiente, en “promoción por tiempo limitado”, los plátanos tatemados “a precios que no volverán a verse”), las autoridades municipales se apresuraron a atajar las señales de alerta que algunos alarmistas activaron.

—No —aclararon, presurosas—; no hay motivos para que panda el cúnico (o como se diga)… De los 91 mercados que hay en Guadalajara —los de los municipios conurbados no vienen al caso… por el momento al menos— sólo 10, de alrededor de 15 que están siendo intervenidos, presentan condiciones críticas.

Que “sólo” 10 mercados estén en condiciones críticas, por el envejecimiento, el deterioro o la manipulación de sus instalaciones eléctricas, de gas o hidro-sanitarias, es, por lo que se infiere del tono de la declaración de las autoridades, tranquilizante. El ciudadano común —los cientos de personas que día a día laboran en ellos y las miles más que concurren a hacer sus compras cotidianas— debe entender que las probabilidades de que se repita un suceso como el de la noche del domingo pasado en el Mercado Alcalde son escasas; y la de que se reedite la relativamente reciente historia del Mercado Corona (el incendio de hace poco más de dos años), más escasas aún… Por lo demás, se dirá que reducir los riesgos a cero —o casi— en ese tipo de lugares, es privativo del Primer Mundo… y que los mercados son lugares muy propicios para que el ingenio del mexicano —especialista en “diablitos”, “puentes” y artilugios similares—  se manifieste en todo su esplendor.

-III-

En cuanto a la epopeya aludida líneas arriba, el tema se desprende del reconocimiento de que también en el Mercado Alcalde —como antes en el Corona—, los posibles, devastadores efectos se redujeron considerablemente, merced a la oportuna intervención de un velador (Ruperto Peralta en el caso más reciente)… y a que los extinguidores —¡aleluya, aleluya…!— sí estaban cargados.

—En otra administración —se dijo, como triunfal corolario— las consecuencias del incendio habrían sido devastadoras.

(Moraleja: “No festeja las desgracias el que no quiere”).

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