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Sábado, 25 de Noviembre 2017

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- Ciudad sin Ley

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Medellín —decíamos ayer, con la venia de Fray Luis de León—pasó, en pocos años, de ser, con méritos sobrados, la ciudad más violenta del mundo, a obtener el reconocimiento internacional considerado el Nobel del Urbanismo, el Lee Kuan Yew World City Prize, merced a las acciones concretas que sus autoridades realizaron, de manera metódica, no precisamente con la intención de conseguir galardones sino, más modestamente, de garantizar una mejor calidad de vida para sus habitantes.

-II-

En el entendido de que esos premios se otorgan, primordialmente, con el ánimo de que las autoridades, en otras ciudades del mundo, comprueben que sí es posible revertir las inercias perniciosas que conducen, de manera sistemática, a degradar la calidad de vida de sus moradores, y que vale la pena hacer un diagnóstico de sus carencias más sentidas y confeccionar una hoja de ruta con las etapas intermedias hasta alcanzar ese propósito, en el caso de la Zona Metropolitana de Guadalajara podría pensarse, quizás, en la pertinencia de hacer realidad toda la hermosa teoría contenida en el cacareado Programa de Ordenamiento Territorial Metropolitano (POTmet) que el Gobierno del Estado y las autoridades de los municipios conurbados en torno a la capital del Estado, han ofrecido a la sociedad en pleno como la panacea, a partir del tema de la seguridad.

-III-

En ese rubro, y a partir de ciertos antecedentes, hubo, ayer, un conceptuoso comentario del Gobernador Aristóteles Sandoval. Entre los antecedentes, el dato, difundido recientemente, de que el 60% de los habitantes de la mayoría de las ciudades mexicanas se sienten insuficientemente protegidos por la autoridad, y la constante de los cadáveres que casi todos los días aparecen en Guadalajara y anexas —pruebas inequívocas de que, como en toda ciudad sin ley, también aquí aplica aquello de que “No vale nada la vida, la vida no vale nada”—, en episodios en que sólo excepcionalmente el aparato oficial encargado de investigar, esclarecer y hacer justicia va más allá de la identificación de las víctimas.

“Lo importante para cambiar la percepción —fue la enigmática declaración del Gobernador— es la integración de la comunidad, integración de programas con asociaciones vecinales, y es importante la mejor coordinación con las policías municipales para que nos ayuden a atender y prevenir el acto de delitos patrimoniales…”.

Sólo le faltó, para complementar tan rotunda (aunque, subrayémoslo, un tanto enigmática) declaración (y, diría un buen amigo, “Pa’ que amarre”), expresar: “¡Ya le estamos dimos dando…!”.

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