Jueves, 13 de Mayo 2021

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- Barbarie

Por: Jaime García Elías

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¿Hay o puede haber mayor maldad que la de quitar la vida a un semejante…?

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Sí. Por supuesto que sí… Por ejemplo, condenar a ese semejante (o, peor aún, a varios semejantes) a una vida —y una vida aún larga, quizá— de pesadilla.

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-II-

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Se suponía que se había llegado al límite en el “Caso Ayotzinapa”. Independientemente de los móviles —aún turbios—, aterran los testimonios, tanto pretéritos como recientes, de los presuntos autores materiales del crimen múltiple: la frialdad con que decidieron la “ejecución”, la realizaron y procedieron a la desaparición de los cadáveres. O, más cerca en el espacio y en el tiempo, los recientes “hallazgos” de 14 cadáveres cerca de la desembocadura del Río Lerma en el Lago de Chapala: varios de ellos, descuartizados. Hasta ahí, al parecer, han llegado las autoridades: a contar los muertos… y a especular sobre posibles vendettas entre grupos delincuenciales; no, en cambio, a identificar a las víctimas; ni, mucho menos, a esclarecer los móviles; ni, ¡menos aún!, a alcanzar a los criminales con el brazo –implacable, dicen— de la justicia.

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El inventario de barbaridades —entendidas como expresiones de fiereza, crueldad y saña— continuó la mañana del domingo: dos jóvenes fueron detenidos esa madrugada “por un comando armado” cuyos integrantes los agredieron físicamente y al final, antes de liberarlos, con un cuchillo les cortaron las orejas.

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El siguiente capítulo de esa macabra historia continuó este lunes: siete personas, de entre 25 y 44 años, fueron mutiladas de las manos; una de ellas falleció. Las notas refieren que, aunque las encontraron, fue imposible hacer el intento de reimplantarles las extremidades, porque la agresión había ocurrido uno o dos días antes… La autoridad aventura la hipótesis de que la causa pudo ser el consabido “ajuste de cuentas” entre grupos de delicuentes.

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-III-

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“Viven de milagro”, diría cualquiera. Y probablemente sea cierto. Pero lo harán condenados a una limitación física insuperable, y a un trauma imborrable. A vivir, pues, como quedó dicho, una vida de perenne pesadilla.

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No hay estadísticas al respecto, pero pudiera ser que México –con tradición prehispánica de sacrificios humanos… aunque hubiera el discutible atenuante de su carácter ritual— llevara la delantera en ese rubro.

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En cualquier caso, por la razón o con el pretexto que se quiera y mande, aquí sigue habiendo motivos sobrados para reescribir —en versiones cada vez más atroces— el “México Bárbaro” que John Kenneth Turner apenas esbozó hace poco más de un siglo.

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