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Viernes, 18 de Enero 2019

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- Ayotzinapa

Por: Jaime García Elías

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Ayotzinapa, hoy, como Tlalelolco, ayer, son puntos de referencia de la historia: lugares donde ocurrieron tragedias que dejaron, a la postre, más dudas que certezas; sitios donde se cometieron crímenes a raíz de los cuales es posible que los verdaderos culpables hayan quedado impunes.

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-II-

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Al conmemorarse, ayer, con una marcha multitudinaria en la Ciudad de México, el segundo aniversario del episodio, hay, como de costumbre, la referencia a los “avances” de la investigación: 130 detenciones, 422 resoluciones judiciales, 850 declaraciones y 1,651 actuaciones periciales; integrado, todo ello, en un cuarto de millón de folios que hacen, hasta ahora, un aplastante total de 240 tomos.

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Hay, también —no se sabe a ciencia cierta si para solemnizar la efeméride o con la pérfida aunque inconfesada intención de echar un poco más de sal en la herida moral de los deudos—, la inevitable declaración presidencial: “Hoy es ocasión para reiterar el firme compromiso del gobierno, para llegar a las últimas consecuencias en las investigaciones”.

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Los padres de los 43 normalistas de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, en tanto, no quitan el dedo del renglón: sin el relativo consuelo de haber velado y sepultado a sus muertos, para ellos “todo son mentiras del Gobierno”; muchos de ellos se aferran a la hipótesis de que “el Ejército los mantiene encerrados en un cuartel clandestino para obtener información” —sin que se puntualice de qué tipo o sobre qué tema—… Y, por supuesto, al estribillo que incesantemente han entonado hasta destrozarse la garganta: “¡Vivos se los llevaron y con vida los queremos…!”.

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-III-

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La consigna es hermana carnal de la que reiteran, desde hace 48 años —se cumplirán la próxima semana—, los deudos de las víctimas de la Masacre de Tlatelolco, en 1968: “2 de octubre no se olvida”. Los sucesos, en lo esencial, tienen en común el descrédito de la autoridad, basado en la astucia para tratar de imponer una verdad oficial —la “verdad histórica” de que habló el ex procurador Jesús Murillo Karam— a manera de lápida sobre la sepultura de la verdad sin apellidos. En el caso, la premura con que unos estudios periciales se avalan y otros se descalifican; la habilidad con que se elude el tema de la connivencia sistemática de una parte del aparato gubernamental con la delincuencia organizada; el afán, en fin, de dar largas al proceso, a sabiendas de que, en efecto, “cada día que pasa nos aleja de la verdad”.

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