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Viernes, 18 de Octubre 2019
Ideas |

- Alcalde infractor

Por: Jaime García Elías

- Alcalde infractor

- Alcalde infractor

La prepotencia es, de ordinario –y para mal—, señal distintiva de los profesionales de la política. Una de las definiciones del vocablo es esta: “Ejercicio de un poder que es muy grande o superior al de otro, en especial cuando se hace de manera abusiva”… Y así como molesta –aunque ya no sorprenda— que un supuesto “servidor público” se pase por el arco del triunfo tanto las leyes como las normas elementales de convivencia, sorprende gratamente que alguno asuma, llegado el momento, la condición de infractor a la que hasta el más santo de los mortales está expuesto, si se da por bueno el proverbio bíblico de que “siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse”.

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-II-

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La nota involucra al presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro, cuyo vehículo fue infraccionado porque alguno de sus colaboradores tuvo a bien estacionarlo en un espacio exclusivo para personas discapacitadas… Alfaro anunció que él, personalmente, pagaría la multa.

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El incidente remite a un episodio que, en su tiempo, se volvió paradigmático: en Morelia, hace más de medio siglo, el ya ex Presidente Lázaro Cárdenas acudió a visitar a su hermano Dámaso, entonces Gobernador de Michoacán. Un agente de tránsito, asignado a la zona, pidió al chofer de Don Lázaro que retirara el automóvil, que había estacionado frente a Palacio de Gobierno.

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–¿No sabe usted de quién es el coche?– preguntó el chofer al agente.

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–No, ni me interesa. Sólo sé que aquí está prohibido estacionarse.

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 –¿Y qué piensa hacer si no lo retiro?

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–Quitarle una placa (era parte del procedimiento) y levantarle una infracción.

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–A ver… –lo desafió el chofer.

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El agente, pinzas y desarmador en ristre, procedió de inmediato… En esas estaban cuando Don Lázaro –a quien ya entonces se tenía en su estado natal como “La Cuarta Persona de la Santísima Trinidad”— salió de Palacio y quiso saber qué sucedía. Enterado que fue, instruyó al chofer a pagar la multa, y regresó a Palacio a pedir a su hermano ascender de rango y subir el sueldo al cumplido agente vial… Éste, muchos años después, estricto e insobornable, replicaba a las súplicas de que aceptara alguna “mordida”, mostrando sus galones…

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–¿Sabe usted quién me los puso…? –preguntaba, y narraba, con legítimo orgullo, el resto de la historia.

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-III-

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Moraleja de la historia (con la venia de Don Félix María Samaniego): “Procure ser, en todo lo posible, quien ha de reprender, irreprensible”.

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